¿El Rugby Seven y el XV son dos deportes distintos?
Desde el éxito de Los Pumas Seven luego de la pandemia, y con la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 (disputados en 2021), el éxodo de jugadores hacia el Rugby de XV fue en constante crecimiento. Si bien previo a esa medalla, varios jugadores como Juan Imhoff y Matias Moroni -entre otros- pasaron por ambas disciplinas, la adaptación de uno a otro siempre fue un tema en vereda.
¿Qué diferencias físicas hay entre el Seven y el XV?
La planificación, principalmente en lo físico, siempre tuvo sus variables, a tal punto que hoy en día, muchos los denominan "dos deportes distintos". La cantidad de minutos en juego, los espacios dentro del campo y las diferentes velocidades constantes que se viven entre ambos hacen que adaptarse requiera de un acondicionamiento especial.
“En el Rugby de XV la performance está dominada por la capacidad de sostener esfuerzos de alta intensidad distribuidos a lo largo del tiempo y con un costo mecánico alto producto del contacto (tackles, rucks, scrums)”, le explica Nahuel Rochelle, head of performance de Peñarol, a Rugbeat.
En cuanto a la preparación, el deporte tradicional sostiene períodos de entrenamientos más largos, con foco en las formaciones fijas, mayores puntos de contacto y especificaciones individuales, como en los primeras líneas. Si hablamos del Seven, tal como los partidos, las jornadas de entrenamiento son más cortas e intensas.
Más allá de que adaptarse no es sencillo, sí existe una facilidad cuando se pasa del juego reducido al tradicional. “El entrenamiento de Seven prioriza eficiencia en la técnica de carrera y control de la exposición a >90–95% de velocidad máxima para mejorar el perfil que impacta directo en su performance y reducir el riesgo de lesión. Por eso el jugador se acopla muy bien al XV”, continúa Rochelle.
Del Rugby de Seven al XV: el camino de pocos
Una de las principales figuras que tuvo un excelente paso al rugby de 15 jugadores fue Rodrigo Isgró. Tal es así, que disputó el Mundial 2023 con Los Pumas y los Juegos Olímpicos de París 2024 con el seleccionado nacional de Seven, con un gran rendimiento en ambos, para luego abocarse por completo al formato tradicional, con presente en Harlequins.
Sin ir más lejos, otras figuras que dejaron su nombre en el Seven y que lograron insertarse de lleno en el XV son Agustin Fraga, Alejo Lavayén y Tobias Wade, tres jugadores con pasado en el juego reducido que integran el plantel de Pampas, la franquicia de Buenos Aires que disputará el Súper Rugby Américas 2026.
Estos tres jugadores, previo al llamado profesional en el rugby de XV, tuvieron paso por sus clubes, CUBA, CASI y Alumni, respectivamente. Con pocos minutos disputados en sus primeros partidos, el período de adaptación fue más físico, y volver a disputar 80 minutos continuos, luego de varios años de circuito mundial, no es nada sencillo.
“En cinco partidos de Seven, es decir, casi todo el fin de semana, recorres más o menos los mismos metros y realizás una cantidad de acciones similar a lo que es un partido de 15”, cuenta Juan Martin Galarraga, expreparador físico de Los Pumas Seven, en diálogo con Rugbeat.
Claro está que las demandas físicas en cuanto al juego son similares, pero la principal variable es la dosis de las mismas que suceden durante 14 en el Seven, y en 80 minutos en el XV. Estas demandas se pueden ajustar dentro del entrenamiento según sea mejor para el deportista.
Esto genera que un jugador que pasó del Seven, donde tiene una exigencia física distribuida en todo un fin de semana -con descansos, comidas y horas de sueño- necesite pasar un período de acondicionamiento para poder rendir al máximo durante los minutos de juego de un partido de XV.
Por ello, Nahuel Rochelle destaca la importancia de la densidad a altas intensidades dentro del Seven. “Cada acción que tenga probablemente pueda ejecutarla a una altísima velocidad, conocen muy bien que es tomar una decisión a alta intensidad. Cuando compiten ese lugar es su ecosistema”, detalla.