Esteban Trebucq en Rugbeat: el esfuerzo de Albatros y lo que da el rugby
Esteban Trebucq es reconocido por su estilo frontal en los medios de comunicación. Sin embargo, lejos de los sets de televisión y los debates de actualidad nacional, el conductor guarda una relación íntima y profunda con el rugby amateur.
En su paso por El Show de Rugbeat, dejó de lado la agenda política para sumergirse de lleno en los recuerdos de su etapa como jugador en Albatros, el club más chico de La Plata. Su historia con la ovalada comenzó de forma tardía, a los 28 años, cuando un amigo lo impulsó a sumarse a los entrenamientos en pleno invierno.
Aunque confiesa cierta vergüenza al hablar de su faceta deportiva ante referentes históricos de su club, Trebucq analiza la realidad del rugby de base con una honestidad brutal. Su paso por la cancha, las lesiones sufridas y los años compartidos con sus compañeros moldearon una visión donde la contención humana se ubica muy por encima de cualquier resultado.
Para el periodista, entender lo que significa una institución de barrio implica pisar el barro, conocer los números de las divisiones juveniles y valorar el trabajo silencioso de quienes sostienen las estructuras a pulmón. Con la camiseta de su club sobre la mesa, repasó las dificultades económicas del ascenso, el valor incalculable de la amistad deportiva y los episodios desopilantes que le dejó su paso por la línea de cal.
Foto: Esteban Trebucq (Instagram)
El esfuerzo de Albatros y la realidad del "rugby de abajo"
Fundado en 1971 por la rebeldía de una camada de reserva de Universitario de La Plata que decidió crear su propio espacio, Albatros encarna la mística del ascenso. Trebucq grafica las dificultades extremas de una institución con menos de 500 socios. "A la M19 de Albatros le tocó viajar a Baradero. ¿Saben cuánto salió el micro de La Plata? Un millón y medio de pesos. ¿Saben cuánto recauda la totalidad de los juveniles de Albatros por mes? Dos millones de pesos. Los chicos vendieron pollos para poder viajar. Tenés que tener muy buena gente y muchos huevos para que esto se pueda mantener en pie", cuenta.
Para el conductor, ese compromiso colectivo desmitifica la idea de que la disciplina pertenece únicamente a sectores acomodados. "Lamentablemente se estereotiparon un montón de cuestiones que son falsas. En los clubes del ascenso no hay gente de clase alta, los apellidos no son las calles de Buenos Aires. Los invito a que vayan a Albatros, a Berisso, Brandsen o Chascomús. Es un ambiente mucho más deportivo y social de lo que la gente cree", desarrolla.
Más allá de las limitaciones económicas y de las batallas dentro del campo de juego, Trebucq revalida la función de contención incondicional que ofrecen los clubes de barrio. Tras sufrir dos fracturas de tobillo mientras defendía la camiseta de Albatros, tomó la decisión de tatuarse el escudo de la institución en la zona de la lesión para sellar su sentido de pertenencia de por vida.
Para "El Pelado", el verdadero valor de la disciplina no se encuentra en las vitrinas ni en las destrezas individuales, sino en el refugio humano que se construye con los años: "El rugby te empieza a dar cuando dejás de jugar. ¿Qué es lo que recibís? Amigos, un lugar de contención, un lugar para estar. El club es tu casa. Vos dentro de 30 años vas a ir al club, te vas a encontrar con los mismos amigos, te vas a dar los mismos abrazos y nadie te va a preguntar si tuviste un problema o no".
Foto: Esteban Trebucq (Instagram)
Anécdotas de vestuario: del "Tramontinazo" a los consejos de scrum
Sin formación en infantiles y juveniles, Trebucq suplió su falta de destreza técnica con una gran entrega física. Ante la escasez habitual de jugadores para completar las formaciones en el ascenso, se transformó en un polifuncional de emergencia que tapó huecos como wing, centro, ala e incluso hooker.
Entre sus recuerdos más desopilantes dentro de la cancha, rememora un episodio surrealista previo a un cruce frente a San Patricio: "Llegamos y no juntábamos el equipo, éramos 12 o 13. Yo tenía la mano enyesada. El 'Changuito' Felman, que era el capitán de la Primera y es médico, me dice: 'Vení que te ayudo'. ¡Y con un cuchillo Tramontina me sacó el yeso en el vestuario! Salí a jugar y al minuto metí un try de casualidad con la pelota en la otra mano".
Ese espíritu impulsivo lo acompañó en cada puesto donde le tocó entrar a jugar. En su debut de hooker ante San Marcos, sin experiencia previa en la primera línea, acudió a un compañero en busca de una indicación precisa antes de entrar al primer scrum: "Le dije a un amigo: 'Decime algo'. Y me dio un consejo buenísimo antes de formar: 'Cuando estés ahí, no mires para abajo'. Jugué y ganamos".
La entrevista completa en el canal de YouTube de Rugbeat.